Uruguay: Violencia intrafamiliar se intensificó en confinamiento

Las llamadas de emergencias atendidas por las organizaciones de mujeres reportan que las agresiones físicas y psicológicas padecidas previamente por las mujeres, se agravaron a tal punto que afectaron aún más al núcleo familiar. En Uruguay, 47% de las mujeres afirman que han vivido violencia a lo largo de toda su vida por parte de su pareja o expareja, según la Encuesta Nacional de Prevalencia basada en género y generaciones

Texto: Jesenia Freitez/Marjuli Matheus/María José Martínez/Zurya Escamilla
Ilustración: Grecia Nexans/ Antonio Ramírez
Infografía: Yordán Somarriba/ Fátima Cruz


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No estaba “loca”, él la maltrataba
Ella tiene 20 años de edad y es de Montevideo; dio a luz a su hija en marzo de 2020 y aunque este acontecimiento la tenía esperanzada sufría en silencio la violencia emocional y física por parte de su pareja, de 40 años, de quien siempre dependió.
La relación empezó desde antes que ella cumpliera la mayoría de edad, pese a la marcada diferencia entre ambos. Sin embargo, mantuvo la ilusión de que la llegada de la bebé lo ayudaría a cambiar su carácter agresivo, pero no fue así.
Cuando la niña cumplió dos meses de nacida, a mediados del mes de mayo, él la golpeó. El episodio la afectó tanto que intentó quitarse la vida.
Al llegar las autoridades al domicilio de la pareja, el hombre argumentó que ella estaba “en crisis”. Insistía que podría lastimar a la pequeña y se adelantó a interponer una denuncia en su contra. Alegó que lo había amenazado con hacerle daño a la bebé. Ella, con la evidencia de los golpes en el rostro, negó las acusaciones.
Al principio, durante el procedimiento policial, las autoridades le creyeron al agresor. El hombre pudo quedarse con la bebé después que la intervención policial abordó el caso como un presunto intento de maltrato contra un menor de edad, mientras ella quedó desconsolada y fue internada en un hospital psiquiátrico.
“La respuesta del Estado fue muy mala. En la clínica tampoco se ocuparon de evaluar qué la había llevado a ella a esa situación como, por ejemplo, preguntarse por qué tenía esos moretones en la cara. Nada de eso se vio en una primera etapa de las investigaciones”, dijo señaló la vocera de la ONG, quien declaró en anonimato en respeto a la confidencialidad de la víctima y la familia.
Su familia, quien había detectado antecedentes de violencia, comenzó una batalla legal en contra del hombre. Acudieron a la ONG, cuatro días después, en busca de apoyo ante el intento de suicidio.
Fueron en vano sus intentos de esconder lo que finalmente demostraron las investigaciones que se hicieron ante las sospechas de la familia: Ella había sido víctima de violencia por parte de su esposo durante mucho tiempo, y eso la llevó al extremo que acabar con su sufrimiento de la peor manera.
La familia también luchó para que la bebé pudiera estar con la madre en período de lactancia. Mientras, él pedía que se le diagnosticara como “loca” y por lo tanto, sin condiciones ni aptitudes para encargarse de su hija. Además, sostuvo que él siempre fue un “hombre ejemplar” y que era quien cuidaba de la niña en su idea, en un principio, por reclamar la custodia.
“El  caso fue tratado erróneamente porque las autoridades ignoraron lo que había pasado. Es una situación que si no la veías bajo la perspectiva de géneroy no se hubiera dado la orientación adecuada, el hecho habría quedado en impunidad, pues la hacía quedar como si fuera ella una loca que quiso matar a su hija y al padre, contando solo su versión, de que él solo intentaba salvar a la niña”, reitera la activista de derechos humanos.
Este caso fue una de las muchas orientaciones que fueron atendidas por las redes de apoyo a las mujeres contra la violencia machista en Uruguay durante el confinamiento. Con asesoría y acompañamiento, la organización puso en contacto a la familia con un abogado, quien logró documentar la denuncia de violencia y desmentir los cuestionamientos del padre de la niña sobre la salud mental de su pareja, cuya agresión la llevó atentar contra su vida.
En la actualidad, la bebé, ya de cuatro meses, se encuentra con la familia de la madre, quien está en proceso de recuperación emocional.
Al menos 705 casos de suicidio se registraron en Uruguay en 2019, según datos del Observatorio sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior. Actualmente, se desconocen cuáles son las cifras del 2020, pues el organismo aún no incluye datos en tiempo real.

Un maltrato que duró 20 años
Al igual que esta joven, Antonia[*] de 45 años, fue víctima de violencia física por parte de su esposo Mario[*], de 52 años. Pero su caso no era un secreto, al contrario, sus dos hijas, de 23 y 19 años, recuerdan que desde niñas habían presenciado los episodios agresivos de su papá que, por lo general, decían; “tenían que ver con celos”.
Antonia es una profesional con ingresos propios que vive en Montevideo. En casa tampoco tienen mayores problemas económicos. Sus hijas trabajan y siempre tuvieron acceso a una buena educación, mientras Antonia lleva las riendas del hogar para “no molestar a Mario”.
Él siempre fue posesivo y controlador. La interpelaba a menudo sobre todo lo que hacía o con quién hablaba. Era seguro que se molestara si ella se tardaba un poco más cuando iba al mercado o si saludaba a alguien que él no conociera.
Durante la emergencia sanitaria en Uruguay, su padre, explican las jóvenes, se volvió cada vez más agresivo. El estar los cuatro juntos, durante todo el día, aumentó las tensiones en la casa.
A principios del mes de junio, la situación se salió de control cuando la violencia psicológica de Mario pasó a los golpes. Esta vez contra una de sus hijas.
Tras una gran discusión que terminó con algunos platos sobre el cuerpo de una de ellas, las jóvenes decidieron poner un alto a los maltratos que, por años, vieron en contra de su madre y ahora la violencia física se extendía contra ellas.
Pese al temor, buscaron apoyo en organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos de las mujeres en Uruguay, de quienes recibieron acompañamiento psicológico y legal.
Por su parte, la familia de su padre también intervino y sin ninguna denuncia lo obligaron a que abandonara la casa, ese mismo mes de junio. Desde entonces, velan el lugar para que él no se acerque a violentarlas.
Ni una lágrima más
Este testimonio es similar a la experiencia que vivieron otras dos hermanas en Uruguay, Montevideo, quienes por ocho años vieron cómo su madre, Alicia[*] de 40 años, soportaba los abusos de su pareja.
Las jóvenes aseguran que en casa siempre había tensión. Era un lugar de conflictos donde jamás se podía estar en paz. Además, veían con preocupación la violencia física y emocional que soportaba su madre, cada vez más estresada y asustada.
Las expertas dicen que “en el fondo las víctimas tienen la ilusión de que el agresor cambie, de que una nueva oportunidad los hará actuar diferente y dejar los insultos a un lado”. A eso se aferraba Alicia y a eso le apostaba para “mantener su hogar”.
Pero, por el contrario, durante la pandemia, su pareja se volvió más violento. Esa fue la razón por la que en el mes mayo decidió irse de la casa junto a sus dos hijas, aún adolescentes. Las tres lograron recibir acompañamiento psicológico de una organización especializada en atender a sobrevivientes de violencia. Ahora intentan superar el pasado y construir una verdadera familia, las tres juntas.
Informes preliminares de la Encuesta Nacional de Prevalencia basada en género y generaciones de 2019, publicada en abril de 2020, revela que 37% de las mujeres en Uruguay vivieron situaciones de violencia de índole psicológica, física y sexual, hasta cumplir los 15 años. Del grupo, 18% la padecieron en los últimos 12 meses de levantarse el estudio. Entre ellas, 9.8 % son adultas mayores de 65 años de edad.
El estudio también indica que el porcentaje de mujeres que vivieron situaciones de violencia por parte de su pareja o expareja fue de 47%, para quienes la han padecido a lo largo de toda su vida, y de 19.5% para quienes las han vivido en los últimos 12 meses a la realización de la encuesta. Las principales violencias a las que han estado sometidas las mujeres fueron la psicológica, seguida por la económica-patrimonial, física y sexual, entre otras.

*Los nombres usados en estos testimonios son seudónimos para proteger la identidad de las víctimas.

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