Panamá: Un hogar que perdió a una madre entre las llamas

El asesinato de Karen Velásquez impactó a un país que ya suma 17 feminicidios durante los primeros seis meses del 2020. Tres niñas quedaron marcadas por el último día en el que vieron a su madre viva
Texto: Óscar Sulbarán
Ilustración: Johnny Lain/ Antonio Ramírez
Infografía: Yordán Somarriba/ Denisse Martínez


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Ese jueves 9 de abril, la soledad dominaba las calles de la Ciudad de Panamá. 30 días antes, los informes vespertinos habían comenzado a transmitir en la televisión local la llamada “guerra contra el virus de la muerte”, producto de la expansión del COVID-19 en Latinoamérica.
Cerca de la capital panameña, a 30 kilómetros, en una pequeña casa de una urbanización de clase media conocida como “Lago Emperador”, Karen Velásquez, de 38 años, cumplía la orden de confinamiento en la provincia de Panamá Oeste.
Era Jueves Santo, un día en el que, de acuerdo con las restricciones impuestas por el gobierno durante la cuarentena, los hombres podían circular en las calles mientras las mujeres debían permanecer en casa. Tampoco es mucho lo que podían hacer cuando a ellas les correspondían salir, pues solo tenían dos horas al día por persona, y para quien carecía de un vehículo era imposible hacer diligencias por el tiempo que toma. La medida había provocado, incluso, el reclamo de organizaciones de derechos humanos, quienes consideraron que la decisión vulneraba aún más a la mujer, tanto por la obligación de vivir con sus agresores como por las dificultades que representa para muchas ser el único sustento.
Karen se encontraba en casa junto a sus hijas, de uno, cinco y 14 años, cuando recibió un mensaje de su expareja, Conrado Bennet, un hombre de 40 años que se dedicaba al oficio de taxista. 
Conrado le había ofrecido comida y dinero para soportar los días de la cuarentena. Sabía que la situación económica de Karen se complicaba por el impacto de la pandemia. Ella trabajaba en una floristería situada en Ciudad de Panamá, y mantener la economía familiar se le hacía cada vez más cuesta arriba con una hipoteca que pagar.

Un hombre de cuidado

Karen lo había dejado por violento. Incluso un año atrás lo denunció por maltrato. Él nunca superó la separación. Tampoco dejó de acosarla, mandarle mensajes de texto e insultarla, y, en ocasiones, hasta amenazarla de muerte.
Familiares cercanos relatan que cuando ella salía de su casa, muy temprano, para caminar algunos kilómetros hasta la parada de buses, Conrado la seguía desde su vehículo, para luego escribirle y decirle que sabía donde estaba.
Agobiada por el acoso, Karen llevó el caso ante la justicia. Acudió a una oficina del Ministerio Público para denunciarlo. Las autoridades dictaron una medida de protección y Conrado tuvo que alejarse por un tiempo.
En Panamá, las medidas de protección suelen durar seis meses mientras avanza el proceso, pero corren el riesgo de perder vigencia cuando se deja de atender el caso. Eso terminó ocurriendo con Karen. Las medidas de protección caducaron y ese  jueves 9 de abril, aparentemente, nada le impidió a Conrado acercarse de nuevo a ella.



Confiando en el enemigo

Eran las 10:30 am del Jueves Santo cuando un Hyundai Accent de color amarillo entró al conjunto residencial donde vivía Karen. El vehículo estacionó frente a la casa amarilla número 513. Era Conrado, quien minutos antes le había confirmado que le llevaría ayuda para sus hijas.
Al salir a la puerta, el taxista le pidió a Karen que entrara al automóvil. Un intenso olor a gasolina impregnaba el lugar en el que había otros vehículos. Karen abordó el carro y se sentó, sin saber que confiaba en la persona equivocada.
Testigos, residentes de la zona, aún se encuentran impactados por lo que siguió después. Conrado arrojó gasolina sobre Karen en el interior del vehículo; prendió un encendedor, lo lanzó sobre ella y salió del automóvil que, de inmediato, comenzó a arder. Se quitó la chaqueta que llevaba y huyó, mientras las llamas la arroparon.
Espantada por los gritos de su madre desde el vehículo, una de sus hijas salió en respuesta a su llamado de auxilio. Algunos vecinos fueron en búsqueda de Conrado.
Minutos después, la sirena de la ambulancia retumbaba en las principales avenidas de la Ciudad de Panamá que, por un momento, despertaron del letargo de ese Jueves Santo en confinamiento.
La madre entró a la emergencia del Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid, el principal centro asistencial público, cuyo personal médico estaba orientado a la atención del coronavirus. Karen se encontraba en condición crítica. Fue internada en la Unidad de Cuidados Intensivos, pues presentaba quemaduras profundas que alcanzaron entre 70 % y 90% de su cuerpo.
La noticia recorrió las redes sociales y medios locales. La sociedad panameña quedó conmocionada, a pesar de que las informaciones se concentraban en el virus y el confinamiento. Grupos de mujeres organizadas contra la violencia femenina, organismos del Estado, representantes de la Asamblea Nacional de Panamá y otras personalidades del país se pronunciaron para condenar el feminicidio.
En Panamá, durante la primera mitad del año, 17 mujeres han sido asesinadas, según reporta el Ministerio Público.

Triste día de las madres

Mientras Karen luchaba por su vida, sus familiares promovieron una campaña para conseguir donantes de sangre. La gravedad de las quemaduras ameritaba transfusiones recurrentes.
Los primeros días pudieron verla en el hospital e incluso le hacían escuchar los mensajes de sus hijas. Allegados a la familia cuentan que ella perdió la voz entre uno de los muchos daños que le produjo ser incendiada.
Pero a medida que pasaban los días, la condición de Karen empeoraba. La familia dejó de verla por orden de los médicos, quienes se convirtieron en los únicos informantes de su situación.
Pese a su estado de salud, sus seres queridos y cercanos se consolaban en el recuerdo que tenían de ella como madre. Era “una mujer alegre”, expresó Cristóbalina Pinzon, una de sus amigas con la que se graduó de bachiller en Ciencias (en 1999), en el Instituto Comercial Panamá, ubicado en la capital. La última vez que se vieron fue durante un reencuentro, en diciembre de 2019. Era la primera ocasión en la que ambas volvían a verse, 20 años después.
Durante 31 días, esta madre batalló por su vida en el hospital público de la capital hasta el 10 de mayo, cuando Karen dejó de respirar. Los daños ocasionados por las quemaduras fueron tan severos que se cobraron su vida.
Paradójicamente, mientras en muchos lugares del mundo se celebraba el Día de las Madres el segundo domingo de mayo, en Panamá, tres niñas dejaron para el recuerdo lo que eso significó en sus vidas. Tres niñas quedaron marcadas por el último día en el que vieron a su madre viva. Las pequeñas nunca más supieron de ella desde aquel jueves fatídico en el que Conrado se las arrebató.

Feminicidio que hiere a un país

Para el psicólogo Edgar Aguilar, el feminicidio de Karen Velásquez es la muestra de un patrón común en la violencia contra la mujer: los dos años siguientes a la separación representan los de mayor riesgo de agresión contra las mujeres, advierte el especialista, quien alienta a las víctimas a denunciar con urgencia.
Nunca callen el maltrato ni por miedo ni por lo que diga la gente. Lo importante es que puedan resguarda sus vidas y las de sus seres queridos”, dijo.
El caso de Karen Velásquez representa un antes y un después en los delitos de femicidio en Panamá, aseguró la abogada Suky Yard, quien en la actualidad representa a la familia de Karen, debido al nivel de premeditación y crueldad con el que actuó el agresor.
“Por ningún motivo es aceptable ni perdonable que una mujer sea víctima de un hecho de violencia como este, mucho menos si esa mujer actuaba para garantizar el sustento de sus hijas. Este hecho ha marcado un país que exige crear políticas para prevenir que la mujer siga siendo víctima”.
Por los momentos, Conrado se encuentra en detención preventiva en el Centro Penitenciario la Mega Joya, en la capital panameña, a la espera de que inicie el proceso que lo enjuicie por el asesinato de su expareja. 


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