México: Aisladas y a la deriva de un Estado ciego

En los tres primeros meses del confinamiento, la mayor parte de los refugios tuvieron un incremento de 50% en las solicitudes de atención. Y solo en este tiempo la violencia se cobró la vida de 1.641 mujeres en México.


Texto: Jesenia Freire Guedez/ Sandra Flores/ Zurya Escamilla Díaz
Ilustración: Ricardo Sanabria
Infografía: Grecia Nexans



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Confinadas, con su agresor por centinela las 24 horas del día, las víctimas de violencia se vuelven una maraña de incertidumbres antes de denunciar cada nuevo ataque: miedo a ser descubiertas, incomunicadas o violentadas una vez más y, para colmo, sin la certeza de que su denuncia sea atendida.
Esta es la realidad que viven miles de mujeres, niñas y niños para quienes “hogar dulce hogar” es una frase hueca, sin sentido, pues este nunca ha sido un lugar seguro, y durante la contingencia por COVID-19 se convirtió en sucursal del caos.
Con el inicio del confinamiento el 17 de marzo y hasta el 25 de mayo, hubo un incremento generalizado del 50% en solicitudes ante refugios de la Red Nacional (RNR) que atendieron a 11.131 mujeres.
Mientras en Nuevo León, cuarta economía del país, la organización Alternativas Pacíficas registró un aumento de 143% en llamadas de denuncia, 3% en atenciones y 59% en solicitudes de refugio a víctimas entre marzo y abril.
Su directora, María del Rosario Pacheco Leal, explica que las mujeres han buscado alternativas de protección, comunicación y denuncia ante el alza en la violencia, “sin embargo, no sabemos cuántas no se están acercando por el tema del confinamiento”.
Entre marzo y mayo, la línea de emergencia 911 registró 319.286 llamadas efectivas para denunciar violencia contra mujeres; esto es 3% más que en el mismo periodo de 2019. De ellas, 185.225 fueron por violencia familiar, 61.770 por violencia de pareja, 67.868 por violencia contra mujeres, 2.127 por acoso u hostigamiento sexual, 1.311 por abuso sexual y 985 por violación.
El presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó este aumento, aun cuando funcionarios de su administración y las cifras oficiales lo confirman, mientras que legisladoras (opositoras y afines) han expresado su preocupación.
“¿Por qué no mirar la pandemia de la violencia a la mujer y a las niñas? La que está matando, degradando, mutilando a tantas en el mundo (…) ¿Por qué la ven como falsa?”, se pregunta Dolores Blancas, vocera de la Asociación Civil Casa Gaviota.

Llamadas de ayuda se incrementaron en un 80%

Estos números apenas reflejan la realidad de un problema cuya cifra oculta se calcula en 93.4% del total de delitos, según la RNR, que también estima que 1 de cada 10 mujeres no logra denunciar.
David Ramírez de Garay, coordinador del Programa de Seguridad en México Evalúa, señala que el problema es la cantidad, calidad y periodicidad en los datos que impide formular políticas públicas efectivas regularmente y más en esta coyuntura.
A propósito, Lucía Núñez Rebolledo, doctora en Ciencias Sociales del Centro de Investigación y Estudios de Género (CIEG) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), indica que los canales de denuncia están pensados para mujeres de clase media-alta con un teléfono o internet, pero no son opción para otras en comunidades apartadas, adultas mayores o quienes conviven 24 horas con su violentador.
“¿Te imaginas? Te está golpeando tu marido y tú diciendo ‘espérame, estoy en una videollamada con mi psicóloga porque me golpeas’”, comentó la investigadora del CIEG. Tan solo la RNR recibió 789 llamadas de redes de apoyo de las víctimas porque ellas no pudieron hacerlo.
Pero el aumento de la violencia es notorio en todos los estratos de la sociedad mexicana, por ejemplo, en las cifras no contadas de las zonas más pudientes del país, como el municipio San Pedro Garza García de Nuevo León, donde el aumento de denuncias en el confinamiento fue 104% respecto al mismo periodo del año anterior, de acuerdo con el registro del Instituto Municipal de las Mujeres.
En Casa Gaviota las llamadas de víctimas de violencia se incrementaron entre 70 y 80% durante la cuarentena. Sin embargo, la mayoría de las mujeres a quienes solían brindar terapia cancelaron sus sesiones y aunque el 95% las retomó vía electrónica, no están seguras de continuar porque “es difícil que puedan hablar cuando están viviendo en espacios reducidos. Detuvieron su proceso porque estaban con sus hijos o con su pareja”, refiere su vocera.
Con estas condiciones que dificultan la denuncia, los expertos esperan una disminución respecto a la normalidad, lo que de hecho se ha observado en los números del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) que muestran el decremento en algunos delitos entre marzo y abril, aunque para mayo incrementaron nuevamente.
En marzo se registraron 76 denuncias en todo el país por feminicidio, mientras que en abril fueron 71 y 64 en mayo. Por violación, se registraron 1.612 denuncias en marzo, 1.047 en abril y 1.124 en mayo. Los casos de violencia familiar sumaron 20.503 casos en marzo, 15.236 en abril y 16.057 en mayo, mientras que la violencia de género registró 331 denuncias en marzo, 345 en abril y 301 en mayo.

Discrepancias en feminicidios

Entre marzo y mayo, hay denuncias formales por la muerte violenta de 1.641 mujeres en México que no se investigan por igual, pues los códigos penales admiten tres modalidades: 754 son tratadas como homicidios dolosos, pues se presume que hubo intención de matar; 676 como homicidios culposos porque no se considera intencional y 211 como feminicidios porque hubo razones de género en su comisión.
Sin embargo, la RNR estima que el número real de feminicidios en los primeros dos meses de cuarenta es de 405. Por ello, las organizaciones exigen que toda muerte violenta de mujeres (incluidos los suicidios) sea tratado como feminicidio hasta que la investigación lo descarte.
Por otra parte, el Informe de Violencia contra Mujeres del SESNSP muestra que entre marzo y mayo suman 51.798 carpetas de investigación por delitos como violencia familiar que representa el 69% del total; lesiones dolosas (18%), lesiones culposas (4.2%); homicidio doloso, homicidio culposo y violencia de género distinta a la familiar por 1% cada uno; y feminicidio, 0.28%
Respecto a delitos sexuales, este informe sólo contempla las denuncias por violación que representan el 5 por ciento y que sumaron 3.783 casos en esos meses, pero deja fuera aquellas por abuso sexual (tocamientos) y por acoso u hostigamiento.

Revictimizadas

¿A qué se debe esta discrepancia en los datos? Para Alex Guzmán Sanguino, integrante del Círculo Feminista de Análisis Jurídico, las leyes mexicanas -el deber ser- no solo son suficientes, sino que comparativamente con el ámbito regional e internacional son amplias y garantistas. Sin embargo, su “efectividad en la vida de las mujeres es un tema de voluntad política y de los constructos socioculturales que imposibilitan llevar una vida libre de violencia”, agrega.
En este sentido, un reporte de la organización EQUIS Justicia para las Mujeres advierte que la suspensión del servicio de impartición de justicia por parte de los poderes judiciales del país “puede agravar la violencia contra las mujeres si no se diseña y ejecuta adecuadamente, considerando sus realidades y necesidades”.
El documento “(Des)Protección oficial en tiempos de COVID-19” muestra que solo cinco poderes judiciales estatales en México obtuvieron una calificación aprobatoria superior a 60 en escala de 100; mientras que los 27 restantes resultaron reprobados cuando se evaluó si mantenían servicios para expedir órdenes de protección y restricción, atender asuntos familiares o relacionados con pensiones alimenticias.
El reporte consigna que las medidas de protección no son homogéneas en todo el país e indica que, si la suspensión de las actividades “se implementa a rajatabla y sin el debido cuidado, podría traducirse en la reducción de la capacidad de respuesta para proteger a las mujeres y niñas en situación de violencia”.
Pero aun cuando se denuncia, las mujeres son revictimizadas, considera Dolores Blancas, porque buena parte del personal de los ministerios públicos son hombres o mujeres educadas en el machismo que tienden a minimizar la violencia.
“Cuando llegas a denunciar, cuando finalmente te atreves a hacerlo, te cuestionan: ‘¿Tiene pruebas?’ O incluso te dicen: ‘Sus golpes son menores’. Entonces te regresas”.

Más allá de la violencia doméstica

La violencia doméstica no es la única que en aumento. En la colectiva feminista Las Brujas del Mar ahora reciben hasta cuatro reportes diarios por violencia digital (extorsión, acoso, pornografía), comenta su vocera Arussi Unda.
Aun con la llamada Ley Olimpia, vigente en 17 entidades para sancionar la difusión de contenidos sexuales sin consentimiento, Unda refiere que no tienen certeza sobre cómo proceder ante lo reciente de esta norma que genera dudas a especialistas, instituciones y activistas.
La violencia también sigue en aumento para quienes se dedican al trabajo sexual. El 7 de abril, organizaciones de la sociedad civil en Tlaxcala pidieron investigar a centros nocturnos para hombres que ofrecían servicios a domicilio durante el confinamiento. Como respuesta, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) aseguró el seguimiento a los hechos. En tanto, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) informó que investigaría tanto a esta institución como a la Secretaría de Salud (SESA) por posibles omisiones en el caso.
En el mismo estado, mujeres víctimas de explotación sexual son obligadas a trabajar aun con riesgo de contagio, luego de que los proxenetas no pudieran continuar con su actividad en Estados Unidos, así lo refiere el reportaje del portal Emeequis “Bienvenidos al Hotel Sagitario: aquí te mata el SIDA o te mata el Covid”.
Por otra parte, los feminicidios son excluidos de las cifras si la víctima vive en una zona de conflicto o si en su localidad hay bandas organizadas, como ocurre en varios estados. Al ser vinculadas con el narcotráfico, se tratan los casos como guerra entre bandas o se les cataloga de asesinas, sin prever que un número importante de ellas son asesinadas por ser mujeres, por ser cercanas a alguien relacionado con el narcotráfico, aunque no están involucradas en delito alguno. De acuerdo con el registro realizado por María Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios, 254 mujeres han sido asesinadas en este contexto.

Violencia por omisión

Ante esta situación, la vocera de Casa Gaviota considera sumamente peligroso el discurso del presidente. “Que diga que 90% son llamadas falsas es una omisión tremenda a nivel gobierno, a nivel política, a nivel Estado”, sostiene con indignación. “Y ser omiso es una violencia muy fuerte, estructural. El presidente no está mirando las violencias. No quiere mirarlas porque desde que llegó quitó guarderías, quitó presupuesto para refugios y para organizaciones”.
En 2020, los refugios para mujeres víctimas de violencia tuvieron que esperar hasta la publicación de reglas de operación el 7 de abril para presentar un proyecto y acceder al presupuesto público de 405 millones de pesos.
Esto no sorprende a la doctora Núñez Rebolledo, quien señala que el mandatario nunca ha mostrado interés en el tema. “Se ha expresado de manera desinformada y es una lástima porque es el presidente y debería tener sensibilidad o allegarse de personas que lo asesoren, que lo sensibilicen y le digan que esto es importante para que no quede como está quedando”, observa.
Con estas declaraciones que contrastan incluso con cifras oficiales, “el presidente ha aceptado abiertamente que la visión que tiene sobre la violencia contra las mujeres está distante de lo que requiere el país por parte de las autoridades federales”, comenta David Ramírez, de México Evalúa.
El movimiento #NosotrasTenemosOtrosDatos parafrasea al presidente para llenar la red con testimonios y cifras oficiales que evidencian un aumento en la violencia contra las mujeres, como respuesta a su desdén.
Con frases como “No vamos a contar hasta 10” o “Señor presidente, cuente hasta 10” han iniciado una contra campaña a un spot del gobierno federal donde se ve a varias personas al borde de la violencia y se les pide contar hasta 10 para frenarla.
Pese a los datos desfasados, en México se reflejó una violencia que abruma y asusta en medio de inconsistencias de ley, omisiones de las autoridades y vacíos legales en los procesos. Calles y hogares que se siguen tiñendo de la sangre de mujeres y niñas, espacios que se quedan sin ellas, sin sus voces. Mujeres que viven silentes pesadillas interminables, queriendo salir del horror, pero sin apoyo suficiente de las autoridades.







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