Brasil: Hablar, el primer paso para escapar de la violencia


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Texto: Manuela Allegro Etchepare/Jesenia Freitez Guedez
Ilustración: Grecia Nexans | Antonio Ramírez
Infografía: Yordán Somarriba | Denisse Martínez

Con frecuencia, la mujer que vive violencia se siente aislada de la sociedad, con poca empatía de sus allegados y la duda constante sobre cómo enfrentar el problema. Por eso, para Nayana Cambraia, asesora de la Cámara Legislativa del Distrito Federal, el primer paso para apoyar a una mujer que sufre violencia es hacerla sentir que no está sola; fortalecer las redes de apoyo e informarle sobre cómo y dónde buscar servicios de soporte.

Para Kátia Rosa, psicóloga y líder nacional del proyecto Justiceiras, el problema comienza con la mujer que desconoce el ciclo de violencia doméstica porque quiere perdonar al agresor y encontrar una salida. Rosa explica que la víctima siempre cree que tiene el poder de transformar la situación y “arreglar a ese hombre”.

“Debe saber que no va a arreglar a nadie, ser consciente de que se mantiene como rehén en su propia jaula. Peor aún, ella cree que es responsable de todo y se culpa a sí misma. Tiene que aprender a cuidar de ella y de sus hijos para evitar que puedan repetir los patrones que generan este ciclo de violencia”, expresó.

La mujer que está dispuesta a informar sobre la situación que vive ya ha dado el paso principal para salir del ciclo de violencia y está dispuesta a liberarse. “No te detengas, estás en la puerta, vuela y descubre tu potencial nuevamente”, agregó la psicóloga.

Dar a apoyo es primordial

Ante el cúmulo de dificultades personales que enfrentan las mujeres que son violentadas, el papel de sus conocidos es fundamental para que ellas pierdan el miedo.

“Nunca dudes de los signos, si ves a una mujer angustiada, con ropa que oculta parte de su cuerpo, lejos del entorno social y poniendo varias excusas, trata de estar atento, es probable que esté siendo maltratada. Asegúrate de ayudar, ya que puedes estar salvando una vida”, comentó la líder de Justiceiras.

El proyecto, que reúne a más de 1.200 voluntarias como abogadas, psicólogas y trabajadoras sociales, ha coordinado esfuerzos durante el confinamiento mundial para mantener informadas a las mujeres sobre cómo actuar y denunciar a sus agresores.

Es importante dar la bienvenida a las víctimas y no juzgarlas, refiere la abogada Sueli Amoedo, actuar con sororidad, es decir, empatía y hermandad entre mujeres.
“Debemos saber que algunas no quieren separarse y es necesario fortalecerlas para romper el ciclo de violencia, que conozcan las opciones para protegerse en el vecindario, en el municipio y en el estado”.
También existen otros servicios de ayuda para las víctimas. Por ejemplo, está la línea 180 que conecta con el Centro de Servicios para la Mujer las 24 horas del día y que las dirige a servicios especializados. Además, la línea 190 que dirige a la Policía Militar; en este caso, el servicio puede ser activado por la víctima o cualquier ciudadano.
“Necesitamos actuar para fortalecer a las mujeres, convencerlas de que son importantes y del valor que tienen. Comenzar por sacarlas de la situación de riesgo y proveerles apoyo psicológico para que puedan reestructurarse ", apuntó Nayana Cambraia.

"Es esencial que las mujeres sean las protagonistas económicas de sus vidas para salir de una situación de violencia", enfatizó la promotora del proyecto Ela Pode (Ella Puede), el mayor programa de capacitación para mujeres en Brasil, llevado a cabo por el Instituto Red Mujer Emprendedora. Además, es importante informarles sobre la planificación reproductiva y métodos anticonceptivos, dijo.

Conversación con la sociedad

Las organizaciones defensoras de la mujer, así como activistas y autoridades señalan que es necesario llevar la conversación de la violencia doméstica a todos los círculos de la sociedad.

Asimismo, abordarlo en los canales de información y espacios de las redes sociales y publicar campañas permanentes que alienten la prevención. Es extremadamente importante alentar a las mujeres que han logrado superar el ciclo de violencia a exponerse, a hablar y a inspirar a otras mujeres a hacer lo mismo, añadió Cambraia.

Las ONG proponen fomentar proyectos como Caminho das Flores, que trabaja para capacitar y sensibilizar a los agentes de policía sobre la violencia contra las mujeres. De este modo, refiere la promotora de Ela Pode, que pueden acercarse, guiar y dar la bienvenida a las mujeres en situaciones de violencia de forma humanizada.

El proceso no es simple, según Dora Lorch, Master en Psicología en PUC-SP, para finalizar el ciclo de violencia doméstica se requieren dos años de monitoreo psicológico semanal, de modo que las mujeres dejen de ver la violencia como algo natural.

Por ello, recomienda buscar ayuda profesional, pues la víctima “necesita ser reeducada. Aprender que puede expresarse, hablar, investigar y decidir asuntos cotidianos simples, como una situación en la escuela de sus hijos, sin tener que hablar con su esposo o tener miedo de tomar decisiones por su cuenta y equivocarse", expresó la especialista con más de 25 años de experiencia en el tema de violencia doméstica.

El poder de la denuncia

El efecto que tiene en la sociedad una mujer que denuncia es sumamente relevante, pues invita a otras a hacer lo mismo y muchas veces deriva en proyectos que ayudan a mitigar la violencia.
“Cuando una mujer rompe la barrera de la violencia, generalmente lleva a toda la familia con ella. Se ve como un ejemplo de autonomía y demuestra la posibilidad de romper el ciclo de la pobreza. Hace que la familia participe en la oportunidad de ascender socialmente”, sostuvo Nayana Cambraia.
Este fue el caso de una joven sobreviviente de violencia que, en 2018, comenzó a recolectar pinturas, reclutando mujeres que sabían pintar, y crearon una cooperativa de pintores que después se convirtió en una escuela en la región Sobradinho del Distrito Federal, capital de Brasil. Tiempo después se observó una disminución de 68% en la violencia en el vecindario, que también tuvo un efecto en los jóvenes que mejoraron su rendimiento escolar.

“A través de su trabajo y desarrollo, las mujeres son un generador de ingresos para la familia y el país. Una mujer activa, ya sea una artesana, una doctora, una trabajadora doméstica, es una fuerza laboral y contribuye a la educación y el desarrollo de su función”, complementa la psicóloga Kátia Rosa.

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